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lunes, 6 de octubre de 2014

Noticia Dieciseisava: Más poemas (popurri)



De "Los Espejos Sonoros" (2014, Editorial 3600)


DEJA VÚ


Estoy buscando el equivalente sonoro de un espejo
o el estómago de la telaraña,
lo que venga primero.

Es un estorbo no saber hablar francés con tanto deja vú impenitente:
esa constante perplejidad mnemónica de encontrarse a uno mismo
cantando las mismas canciones en escenarios aparentemente repetidos
ante rostros nebulosos que desafían la rotundidad del negro.

Consagrado a este sonambulismo -suspensión del pensamiento-
me da exactamente lo mismo
la espiral del tiempo que el círculo bonachón del eterno retorno.

No se trata de herir o ser herido
sino de ser uno con la sangre
y arremeter contra el olvido
como la tortuga más valiente que ha pisado jamás
esta desangelada tierra.


ALMOST FAMOUS

Hay que preparar al mundo
para nuestra muerte,
legarle cuadernos y estudios inconclusos,
nadie nos amará tanto en esta vida
como nuestros biógrafos nonatos.

Hay que tirar al tacho de la basura
nuestras nociones pueriles de fama y fortuna:
es en la muerte dónde nos realizaremos
y haremos presentes nuestros sueños.
Empecemos a tejerles chambritas
a los pequeños biógrafos que nos salvarán la vida.


RESCATE BANCARIO

Pobrecitos los bancos, se estaban hundiendo:
en las piscinas atemperadas, debajo de la aceituna del martini,
en las playas privadas de los resorts del pacífico sur.
¿Qué cuentan tus cuentas,
tus monedas apiladas,
tus finanzas aplicadas,
el almidón falso de tus finas ropas blancas?

Conversarte, convencerte, conminarte sería un despropósito.
Por eso, banquero,
te deseo una plaga de langostas a domicilio,
para que sepas lo que se siente.
Ni te usteo ni nada, para eso primero tendría que respetarte.
Que tu dinero cobre vida y se coma tus ojos, tus manos, tus espejos vanidosos,
y tu casita rosada de barbie.
Que el sol de verano te explote en la cara
y borre tu falso bronceado naranja
y tu sonrisa de plástico
de esta tierra para siempre.


bonus tracks (haikus)


un haiku también
es un árbol al que le
florecen moras.


El sonido u-
ne o divide la luz
pacientemente.


Los polvorientos
caminos a casa son
la vía láctea.

Naturaleza:
dos amantes se besan
en la azotea.

No hay retratos:
hay caras prestas a la
compra y venta.

El amor vibra
dentro del mundo hueco
entre dos cuerpos.


Décimas de sí mismas

Torcida

Flamean banderas, se inflaman,
se ablandan bandos aparentes
confunden raudos con urgentes
se abrazan los que no se aman.
No queda en pie ningún buen soldado
con las campanadas de las catedrales
las calles del centro ya son basurales
no todos los días vamos al Mundial,
qué importa si es lunes, hermano, total
aunque no me apruebo, soy clasificado.


Ciudad [1]
“gritaban solo para que les entrase mejor la cerveza”
Bohumir Hrabal

Son primos de Martín Fierro
son hijos de Juan Cutipa
la sal embota los dedos
la chela hincha las pipas.
Las leyes les son esquivas
las calles les son propicias
con uniforme ‘e policía
o con cicatriz de malo
se abrirá paso a palos
su alma más muerta que viva.

Ellos contra ellos se enfrentan
el “nosotros” se restringe.
La careta del que finge
y el que su madre les menta.
Somos sombras en discordia
androides de otra memoria
¿Dónde habita la emoción
que nos extraerá la luz?
Que se vayan muerte y cruz
que dejen vida y pasión.


Berlín, 2013



De "Maniquí" (2014, inédito)

Maniquí


El cuerpo dentro del cuerpo
el cuerpo hueco y condenado
el cuerpo, hueso y contenido
el cuerpo vaciado de sentido.
Un molde en forma de cuerpo
rellenado con plástico caliente.
El cuerpo sólido y antropomorfo,
el cuerpo liviano, portátil y utilitario.

El cuerpo espejo:
el cuerpo del otro.
Somos maniquís,
el mundo es un simulacro,
vivimos simultáneamente en ambos hemisferios
de la Civilización Accidental
y le llamamos evolución
a una carrera demente,
a un acto de fornicación continuo.
Por eso al cuerpo no le nacen alas
el cuerpo no es libre
el cuerpo se reduce a unos centímetros de genitales y terminaciones nerviosas,
el cuerpo es una propiedad privada y consagrada
a la terrible trinidad dios-patria-familia.

A través del cuerpo invades, mutilas, destruyes con un machetazo
todos los símbolos de todas las banderas y escudos nacionales
que tanto costó dibujar con abalorios en el aire.
Un cuerpo destrozado es un recordatorio de lo poco que valemos,
un cuerpo desaparecido es el horror de los bibliotecarios,
un cuerpo es un archivo y su ausencia
es un hueco en el lenguaje y en las gargantas               
de los maniquíes sobrevivientes que ambulan desorientados
sin pasado y sin futuro.
Su falta nos remite a un peligroso territorio en blanco,
al vacío de la muerte sin rito de pasaje apropiado,
al duelo sin cortejo fúnebre,
a un velorio perpetuo entre desconocidos.

El cuerpo fuera del cuerpo
es el cuerpo de los otros,
el cuerpo de todos:
el cuerpo colectivo de las ansias de gol
de la masturbación en multitud
del fin del mundo televisado.

Los maniquíes sin mirada
nos extienden la mano desde los escaparates,
son un ejque o silente no desde los escaparates
as d elos cuerpostrado.ura, no importa, pero en esos espacios se encotaron amigos que losército taciturno
que emite un mantra inaudible para nuestros oídos,
una nota prolongada, una salmodia lunática.

Los maniquíes escriben libros de autoayuda
en sus ratos libres.
Así como los suyos,
nuestros cuerpos están sujetos
a las leyes de oferta y demanda, a la ley de gravedad,
a las leyes de la termodinámica,
y en menor medida a los estatutos
de nuestros países de mentiritas.

Sin cuerpo no somos
y en ocasiones inquietantes el cuerpo no nos obedece,
no nos pertenece,
por eso queremos tan desesperadamente
saber de qué estamos hechos.
El cuerpo a veces vive su propia vida despreocupadamente,
el cuerpo nos duerme y nos dormimos abrazados a él
porque al fin de cuentas es lo que único que nos queda.

El maniquí no sabe de qué está hecho
ni conoce la criatura a la que debe imagen y semejanza,
entonces toma un filudo estilete
y traza una línea horizontal sobre su torso.
Sale un líquido viscoso.
El maniquí sonríe antes de caer desmadejado al suelo. 


Mundos

A simple vista el mundo de los sueños
y el mundo de los muertos
son indistinguibles.
Solo pequeños detalles delatan a uno o a otro:
la presencia de los amigos de infancia,
la superposición de domicilios, barriadas y ciudades,
el imposible encuentro intergeneracional,
la experimentación de sensaciones antagónicas en los mismos
territorios del cuerpo,
la ilusión de vuelo, la suspensión del tiempo,
la percepción de colores y sonidos intermedios.
Por eso nunca sabremos si despertaremos
en nuestra vieja cama
o cegados por la parpadeante luz blanca
de una sala de partos.


Cambio de turno [2]

Mirando marionetas de Augsburg
y las ilustraciones de una editio princeps de El Principito
el maniquí aplaude
con sus manos huecas
y sus carcajadas resuenan en las paredes
de la tienda de ropa de hombre y accesorios.
El maniquí es asexuado,
pero entiende los chistes de doble sentido,
así como le producen calores inexplicables
los anuncios de perfumes
con roncas voces de chicas francesas susurrando
cualquier macana al oído de los televisores del mundo.
El maniquí sabe en sus adentros que una risa
dio origen a la vida,
y aunque mañana posará inexpresivo ante los clientes
vistiendo una camisa dior o abercrombie o dolce & gabbana
sus ojos brillarán con el fulgor ciego
del que conoce nuestros más íntimos secretos.


Redemption Song

Cuando suena la sirena en la fábrica
los maniquíes salen al descanso. 
Se agrupan y forman pequeñas rondas.

Unos hablan de Foucalt, de Gramsci y de Zizek.
Otros nombran a Steve Jobs, a Bill Gates y a Asange.
Unos chismean sobre Brangelina, Jennifer López, Conchita Wurtz.
Más allá discuten acerca de Messi, de Kroos,
y de su modelo de maniquí favorito: CR-7.
El entusiasmo de cada grupo es idéntico.
El rumor agitado de las risotadas y los epítetos sonoros
choca contra las paredes de concreto,
se desliza como agua entre las cañerías,
tiñe de colores los vapores industriales
de las chimeneas  y conductos,
asume la forma del humo, del tinglado, del logotipo de la empresa.

La sirena suena de nuevo y los maniquíes deben dispersarse.
Algunos abrazos de despedida duran demasiado.
Los maniquíes ponen cara de “aquí no pasó nada”
y marchan en fila, con cansino paso marcial,
de vuelta a las entrañas de la fábrica.
Los maniquíes bajan la cabeza
y prosiguen con su oscura rutina laboral.
Viven y trabajan para el recreo, para el fin de semana.
Viven para la pausa, para el espasmo, para el cuarto intermedio.
El cielo prometido de los maniquíes no tiene vírgenes facilonas
ni honores ni jardines ni ambrosía:
solo una nube en forma de sofá
y miles y miles y miles
de televisores encendidos para siempre.


De Rimas Arrimadas (2014, inédito)

Yo no soy un decimista
debo dejarlo bien claro
solo busco el amparo
de la rima que me asista.
Esto de leer y escribir
trae golpes y revanchas
la palabra a sus anchas
nos dicta su luz a oscuras
y mano y mente se apuran
para hacerla existir.


La más dulce consonancia
sin ribetes ni ornamentos
es cuando al rimar no miento
y se siente la elegancia
natural, desenfadada
de la poesía sonora
que como una ave canora
traza un vuelo decidido
intenso, pero medido
que te acaricia la espalda.


Es como un juego de cartas
de reinados aparentes
como el sentir de las gentes
que tiene bajas y altas.
Hay rostros que se barajan
uno duerme, otro trabaja
y el juego ganador
es el que gana sin nada
más que la nota entonada,
es el que suena mejor.